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MOVIMIENTO DE UNIFICACIÓN Y LUCHA TRIQUI

"POR LA LUCHA Y LA LIBERACIÓN DE LOS PUEBLOS"


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Los Triques I

Lunes 4 de mayo de 2009


PINOTEPA NACIONAL. Mixtecos, negros y triques Autor: Gutierre Tibón, editorial Posada, 2ª. Edición, 1981, 279 pp.

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Los Triques
PINOTEPA NACIONAL. Mixtecos, negros y triques Autor: Gutierre Tibón, editorial Posada, 2ª. Edición, 1981, 279 pp.

- ¡EXTERMINARLOS! ¡Hay que exterminarlos!- gritó exasperado el jefe de la zona militar cuando le informaron que los triques habían asesinado en una emboscada al teniente Palos y a dos soldados. La gente de Juxtlahuaca vio por primera vez cruzar su cielo dos aviones militares: los mandaba el gobierno federal para auxiliar a las fuerzas de la expedición punitiva que avanzaba sobre Copala desde Juxtlahuaca y Putla. Fueron ametralladas cuantas chozas de triques se descubrieron en los claros de la selva. No se conoce el número de bajas. Lo que sí se sabe es que los federales encontraron algunos barrios desiertos y prendieron fuego a las chozas, como represalia por la muerte del teniente.1

Hubo, entre la gente de razón, quien se regocijara; otros concibieron una honda preocupación porque se sentían cómplices de la injusticia que se estaba cometiendo; algunos, en fin, se indignaron por el grave error en que incurría el gobierno, mal informado por las autoridades de Putla y de Oaxaca.

¿Mal informado? El peligro de una insurrección de los triques de Copala existía, como sigue existiendo; pero ¿a qué se debe la actitud belicosa de ese grupo autóctono? Si no estuvieran armados, como lo están, renunciarían a su postura orgullosa y desafiante; sus rifles son idénticos a los que usa el ejército mexicano; sus municiones, las mismas; disponen de subametralladoras Mendoza y de binoculares iguales a los del ejército. Tienen un valor a toda prueba, y dominarlos en su sierra natal, en que conocen cada risco, cada árbol, sería una empresa ardua, sin duda. Su espíritu tribal es todavía el de ciertas poblaciones del México antiguo, como los yaquis y los tzotziles; viven al igual que hace siglos, con la idea de que deben defenderse a todo trance contra la presión que ejercen sobre ellos sus vecinos. En el siglo XIII se ocultaron en sus bosques a raíz de una derrota que les infligió cierto rey enemigo que acampaba en las montañas de Tlaxiaco; a principios del siglo XV sufrieron la dominación del quinto monarca azteca, el Flechador del Cielo, que construyó en sus tierras una fortaleza; sus vestigios existen aún en el cerro de Moctezuma. Limitó su libertad otro Rey Mexica, Ahuízotl, y conocieron días aciagos durante las guerras entre los reyes mixtecos de Achiutla y de Tututepec.

La conquista española no mejoró sus condiciones; siguieron viviendo dispersos en sus serranías, y su contacto con la cultura occidental fue precario. Aceptaron un cristianismo superficial y no gozaron, como sus hermanos de Chicahuaxtla, de la presencia y enseñanza de aquel gran misionero dominico que fue Fray Gonzalo Lucero.

Cuando un virrey instituyó la feria de Copala, para que restablecieran relaciones más estrechas con los demás pueblos de la comarca, los triques vieron las romerías con recelo, y siguieron viviendo dispersos en el monte; por ello Copala, contrariamente a Chicahuaxtla, nunca se ha vuelto un pueblo.

A mediados del siglo pasado, los triques se lanzaron a una terrible y estéril aventura bélica para reconquistar su independencia, es decir, para volver a ser los amos en sus tierras y libertarse para siempre de la presión de los blancos y de los mestizos, que hacían su juego. La sublevación estalló en 1843, cuando gobernaba Oaxaca el general José María Malo; ni éste ni su sucesor, el también general José Ibañez de Corbera, lograron dominar a los insurrectos. La revuelta se volvió una guerra de guerrillas que duró cinco años; con razón se la llama la guerra de castas de los triques. No se desarrolló sólo en el territorio de Oaxaca, sino que alcanzó la zona fronteriza de Guerrero; y sus caudillos fueron dos hombres valientes Dionicio Arriaga y Domingo Santiago, a quienes, desde luego llamaban en Oaxaca “foragidos”.2 Como en otra guerra de castas, la de los mayas, que estalló cuatro años más tarde, hubo inequidades y actos de barbarie por ambos lados. Los jefes triques fueron aprehendidos y ajusticiados en 1848, año en que gobernaron a Oaxaca dos indios serranos: primero don Marcos Pérez y luego don Benito Juárez.

¿Quiénes son los triques, desde el punto de vista antropológico y lingüístico? Buena parte de ellos se distingue físicamente de los mixtecos y de los tacuates, por su nariz roma; también los caracteriza su exacerbado espíritu de independencia. Tal vez esto se deba a que se refugiaron en una región áspera, poco hospitalaria, muchos siglos antes de la conquista, empujados por otros pueblos más fuertes y numerosos y con tal de no aceptar su dominación. En la actualidad son alrededor de siete mil, y tienen un alto índice de natalidad.

La lengua trique se consideraba el quinto miembro (los otros son el mazateco, el popoloca, el ixcateco y el chocho) de la familia popoloca, algo como un pariente pobre y lejano de esa familia; pero en la actualidad se le clasifica acertadamente entre los idiomas mixtecanos, junto con el mixteco y el cuicateco. También es lengua tonal y por eso de más difícil aprendizaje para nosotros que el azteca y el maya. A los mixtecos les pareció oir con frecuencia en el habla de sus vecinos (que consideraban bárbaros, como los mexicas a los otomíes) la sílaba tri y les llamaron triqui o trique: análogamente los griegos distinguieron en el “balbuceo” de los demás pueblos que no hablaban heleno las sílabas bar-bar y los llamaron bárbaros.

El párroco de Juxtlahuaca, a quien conocí en Copala, posee un viejo catecismo en lengua trique. Recientemente han traducido al trique el evangelio de San Juan los investigadores del Instituto Lingüístico de Verano.

Desde luego, los triques poseen una herencia cultural análoga a los demás pueblos de Oaxaca; los huipiles que tejen y bordan las mujeres son de belleza sorprendente. Muchos aspectos de su vida no se han estudiado todavía: porque son huraños, desconfiados. Seguramente conservan, en sus barrios más apartados, costumbres que aún desconocemos. Parece que allá donde no los pueden descubrir ojos mestizos, los hombres suelen caminar por los bosques cubiertos apenas por un maxtle o taparrabo, como los tarahumaras en sus selvas norteñas. Hasta los primeros decenios de este siglo los triques de copala eran pobres, casi como sus hermanos de Chicahuaxtla que viven en una tierra paupérrima y neblinosa y que con frecuencia se alimentan de raíces. En las serranías de Copala los triques fabricaban carbón de leña y lo vendían en Juxtlahuaca, en Tlaxiaco y en Putla, junto con los plátanos que cultivaban en el fondo de sus valles y las aves de corral que lograban criar.

Hace unos treinta años empezaron a cultivar café en las laderas de sus montes y sus cafetos prosperaron. Ya tenían los triques una producción que les permitía un intercambio más favorable con los mestizos; ya tenían una riqueza. Y esa riqueza fue su perdición.

El excelente café de altura, producido en la región de Copala, se trunca, en ínfima parte, en maíz; lo demás va a parar, tarde o temprano, a la bolsa de los mestizos, que han creado la organización más perfecta para que los triques no puedan nunca salir de su terrible círculo vicioso. Les venden armas y parque, fomentan sus rivalidades, les venden alcohol que los enardece e incita a peleas, y cuando hay un techo de sangre, los extorsionan. De esta suerte, la ganancia del café que los triques cultivan nunca será para ellos. Siempre quedará en poder de sus implacables explotadores.

- Este puente también lo quemaron los triques- me dice con reprimida indignación don Avertano Cruz.

Veo los restos carbonizados de los troncos que, hace todavía pocos meses, unían las orillas de la carretera. El barranco es hondo: ni con largas desviaciones podría un vehículo alcanzar al otro lado.

A los puentes quemados por los triques, se añaden cuatro destruidos por las aguas. Lástima. Un camino bien trazado, flamante. El año anterior llegaron los camiones, el día de la feria, hasta mero Copala. La civilización alcanzaba, por fin, el corazón del mundo trique. Pero ellos, se queja don Avertano, no quieren saber nada del progreso. Son unos bárbaros, sucios, borrachos, rencorosos. Quieren mantenerse, cueste lo que cueste, en su aislamiento secular, seguir viviendo como animales. Matar, eso sí les agrada. Están armados hasta los dientes y representan un peligro constante para sus vecinos.

El pueblo de Copala… Copala, capital de los triques… Cuando, al cabo de una marcha de un par de horas desde Agua Fría, última avanzada mixteca en el mundo trique, llegué al puente quemado y atisbé, en el fondo del valle, la iglesia y cuatro o cinco edificios con techo de teja, me di cuenta de que se trataba de un centro ceremonial y administrativo a la manera del México antiguo. El templo sustituía seguramente el antiguo teocalli, y las muchas cabañas construidas en dos filas paralelas al río, no eran más que enramadas que desaparecían mañana al terminar la feria. Entonces, ¿Dónde moran los habitantes de Copala? En treinta y cuatro “barrios”, o minúsculas aldeas de casas diseminadas en la serranía; el más alejado está allá al suroeste, en la última cadena de montes. Se llega al cabo de catorce horas de viaje a caballo. Auí se usa todavía el término barrio, que era común en la colonia, para lo que en otras regiones se llama paraje o cuadrilla.

A la sombra de un gigantesco ahuehuete –debe tener más de quinientos años, como los plantados por Nezahualcóyotl en el bosque de chapultepec- están acampados grupos de triques. Las mujeres, vestidas con sus fabulosos huipiles rayados de blanco y rojo, muelen maíz y cuecen tortillas en los comales que han llevado desde sus lejanos hogares. Los hombres visten pantalón blanco y camisas de artisela brillante, color solferino o verde rana. Les dirijo el saludo vernáculo, paa, una síncopa cariñosa de “compadre”; y me contestan sorprendidos pero amables, con la misma palabra, casi cantada: paa.

Estoy en uno de los centros más aislados del México indígena. Copala es un “lugar de copal” en azteca, nombre que conviene a este antiguo centro religioso. En el templo se está quemando mucho copal a la imagen, muy milagrosa a juzgar por los mil exvotos que cuelgan de su túnica, de un santo Cristo. Se trata de una talla española del siglo XVII, o de su copia, ya que los triques habrían enterrado el original en un lugar secreto. Representa una caída de Jesús durante el viacrucis. Hasta hace pocos años, los triques sometían la imagen a un rito de purificación: un día como hoy, el tercer viernes de cuaresma, lavaban con sumo cuidado a su Tatachú en el río de Copala. Tatachú equivale a Tata Jesús (Chu es una abreviación cariñosa del nombre santo en trique, como Chucho o chuy lo son en el español de México).

Los triques se acercan a su Tatachú con flores moradas y amarillas y las frotan suavemente contra la imagen. Así las flores se impregnarán de su poder sobrenatural; y así llevarán a sus hogares los pétalos marchitos, como sifueran piadosas reliquias cuya posesión otorga la protección divina.

Un viejo trique, tal vez un brujo, realiza, debajo del Tatachú, unas limpias en un estilo que desconocía: masca la semilla de la virgen (el ololiuqui de la vieja tradición prehispánica) y la escupe, rociándola, en el pelo de una mujer y en el de un muchacho. Ha entrado en el templo la banda, y toca, en una sorprendente traducción trique, la sandunga, en tanto que se hacen los preparativos de la procesión. El cura bautiza a los niños triques que sus padres han traído de los lejanos barrios perdidos en la serranía; otro sacerdote, un misionero bilingüe, prepara los certificados de bautismo y los de matrimonio para el día siguiente, consagrado a unir religiosamente a las parejas de jóvenes triques, casi unos muchachos. Las solteras se distinguen por las alegres cintas de colores que cuelgan de sus espaldas. En el templo han encendido velas delante de la imagen de la virgen, vestida de trica como ellas; están sentadas en el suelo, la miran embelesadas y le hablan en voz baja como si rezaran.

….CONTINUARÁ…


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